No tenía una buena razón para ser médico como otros, tal vez; era el único campo donde podía investigar y aplicar esa investigación dentro de la misma profesión en un área como la bioquímica, en la que estaba interesado en ese momento. Pero se desarrolló la pasión de poder investigar qué nos hace únicos en el mundo biológico, y qué procesos que nos hacen humanos, el cerebro, crean una conciencia que nos hace iguales y nos hace diferentes. Es sorprendente que nuestro material genético, en el que el 99,9% (dar o recibir) sea el mismo, siga generando la variabilidad que vemos y experimentamos todos los días. Y, además, por mucho que nuestras personalidades y apariencias sean diferentes, nuestros cerebros se pueden entrenar de diferentes maneras, como con la meditación, para crear patrones similares (detectados mediante la evaluación de redes neuronales y escaneos funcionales).
