A menudo pienso en los días de mi carrera de ingeniería con mucha gratitud porque en aquel entonces me dieron herramientas que hoy en día no significan que haya terminado en un asilo de ancianos o haya muerto. Algunas conferencias siguen siendo tan vívidas para mí como si hubieran sucedido ayer. Matemáticas, Geometría, Física, Química, Mecánica, Estadística Aplicada e incluso algo de Psicología, tal como lo necesitan los futuros gerentes.
A principios de 2004 me enfermé gravemente, mi condición fue etiquetada con el nombre de un síndrome, causa desconocida y la perspectiva de acuerdo con las estadísticas médicas fue de aproximadamente otros 8 años mientras empeoraba constantemente. Para 2012/2013 parecía o parecía que esas estadísticas eran bastante acertadas.
Sin la base de los temas mencionados anteriormente, no habría tenido suficiente terreno sólido para construir sobre el conocimiento suficiente y que (justo) a tiempo para hacer una diferencia en mi situación.
De todo lo que hizo tal vez la diferencia más crítica fueron dos mensajes subyacentes, frecuentemente transmitidos: ‘¡No existe tal cosa como “demasiado difícil” para un ingeniero!’ y ‘¡Solo podemos darte las herramientas, el pensamiento que tienes que hacer tú mismo!’
Me hizo rehusar rendirme o ceder ante “no hay nada que se pueda hacer” y así aprendí un poco más, investigué más, probé mucho y fallé a menudo,. . . casi siempre en realidad. Pero esa pequeña diferencia de que no fue “siempre” hizo la gran diferencia que ahora me siento en una computadora escribiendo a finales de 2016. Estar en mi propio lugar y sola, en lugar de tener que pedirle a una enfermera que me ayude ir al baño o cualquier otra cosa peor.
En resumen, no puedo expresarlo mejor que la respuesta de Tessa Ryan; la perfección tiene su propia belleza.
Gracias,
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