Para que un objeto esté en movimiento circular, tiene que haber una fuerza centrípeta (es decir, una fuerza que es perpendicular a la velocidad del objeto, apuntando hacia el centro del círculo). Si, por ejemplo, tomas un objeto que está en órbita, tenemos la fuerza de la gravedad que siempre apunta al centro de masa del objeto que está en órbita, es decir, el centro de la órbita.
Los campos magnéticos exhiben un comportamiento similar ya que las partículas cargadas que se mueven a través de un campo también experimentan siempre una fuerza que es perpendicular al movimiento de las partículas.
Siempre que tenemos una fuerza tenemos aceleración (la segunda ley de Newton), que viene dada por a = v ^ 2 / r donde r es el radio de la ‘órbita’. Esta es la aceleración hacia el centro del círculo.